sábado, 19 de abril de 2014

Lo que la radiación nos dejó

Me dura un segundo la desesperación, la de "¡dios santo, hace meses que no escribo algo serio!", pero después se va. Me acuerdo de la cantidad de veces que he estado sin inspiración durante algún tiempo y la cantidad de veces que he logrado escribir lo que quería y ahí me relajo. Sí, la última vez que estuve sin escribir me duró como tres meses y ni las cosas tontas que estoy escribiendo ahora me salían, pero también estuve un mes entero escribiendo cosas todos los días y pasó hace dos meses nada más. Entonces me calmo bastante.
Me agarra la ansiedad de mostrar algunos cuentos que escribí para el libro... o por lo menos el nombre del libro... o la tapa... pero también me aguanto. Ya llegará el momento de que vean todo eso.
Y también me pongo verde al no poder filmar lo que escribo, pero también todo va a llegar. Debería escribir otros guiones, pero como dije, hace como un mes que no me sale nada interesante y no gano nada si me pongo nervioso y me exijo palabras buenas.
Es verdad, un año de mi vida se arma con tres semanas malas y una buena... pero me encanta esa semana y como ya lo sé, no me creo que lo malo que me pasa es eterno ni tampoco lloro cuando lo bueno se va. La gente se olvida las promesas que hizo ayer y mañana todo le resultará un dolor de cabeza.
Me impaciento mucho porque mis ganas de crear son más grandes que mi talento y mis ganas de esforzarme juntas. Pero bueno, cuando escriba un hermoso cuento, lo escribiré y si no lo escribo, no lo haré.
No sé, ojalá la gente se relajara un poco más, ojalá dejara de pensar que todo es el infierno, ni se creyera que ya encontró la luz y conoce el camino correcto. Se marean mucho así.
Me hubiese encantado saber tocar la música que me gusta escuchar.

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